Mucho público pero también muchos trabajadores se concentraron el pasado dia 11 de septiembre en la parroquia de Os Casás –Cerdido– para participar en lo que ya es una fiesta consolidada, la malla tradicional que organiza desde hace cinco años la asociación Restauracións Amigos dos Casás.
Esta recreación de lo que era una de las más típicas pero también social tarea agrícola de la zona, la malla del trigo, reunió ayer en Cerdido a unas trescientas personas, entre vecinos y foráneos que se acercaron a descubrir, en algunos casos, o a recordar, en otros, cómo se separaba el grano de la paja. Este año, como se indicó desde la entidad organizadora, se superó ligeramente la afluencia con respecto a anteriores ediciones, ya que cada vez es más conocida esta fiesta y pese a que el tiempo jugó, a determinadas horas, malas pasadas con algo de lluvia, lo que dificultó las labores.
Aunque la malla se salta el paso de la siega anterior, los vecinos comienzan la actividad utilizando la maquinaria que se empleaba en la época y que no por eso impedía que el factor humano tuviese especial importancia. Así, la introducción del trigo en la máquina, la recogida en cubos del grano y el amontonamiento de la paja en los conocidos “palleiros” ocupaban horas y horas en la jornada del campo, tal y como ayer se recordó.
Los trabajos para la fiesta de ayer comienzan, sin embargo, muchos meses antes, primero con la restauración de los aparatos que se van añadiendo a la colección de máquinas de tradicionales, y, después, en cuanto el trigo comienza a estar “maduro” con la siega. El trigo segado –que pertenece a miembros de la asociación Restauracións Amigos dos Casais, que se dedican a la agricultura– se deja en la finca, tal y como explicó ayer uno de los organizadores, Conrado Gil, unos 15 o 20 días. Posteriormente se trasladan al lugar donde se celebra la tradicional malla, que ayer se pudo ver.
Con el trigo segado se hacen las “medas” formadas por los “mollos” de trigo acumulados. Una vez separado el grano de la paja, se forman los “palleiros”, que dan por concluida la faena.
Comida y música > Pero no todo era trabajo ni hace cincuenta años ni ahora, sino que había sitio para las pausas, acompañadas de un buen aguardiente o de simple agua fresca. Tras la malla, el queso, el pan y otros productos hacían de la jornada una merienda social en la que tomaban parte los propietarios del trigo y todos los vecinos que ayudaban en la tarea.
Como explicó Conrado Gil, uno de los restauradores, el objetivo es recordar cómo se hacían los trabajos de campo y que los jóvenes no lo olviden. Así parece ser, ya que esta cita reúne cada año a más gente.
Para que no se quede solo en trabajo, los festejos comienzan ya el día antes, con la exposición de la maquinaria y los útiles de trabajo, la verbena popular y la queimada. Eso no impide que el domingo se madrugue para iniciar la malla y, tras el trabajo, nuevamente la comida (con pinchos para los participantes) y la música. Ayer por la tarde fue el momento del grupo Musical 70 y el karaoke, en el que participaron los asistentes, que despidieron la jornada.





