VAL DO XESTOSO CELEBROU O PASADO FIN SE SEMANA O X ANIVERSARIO DA SU FEIRA DO GRELO
A medio camino entre las Mariñas y la Terra Chá, antiguas tierras de los Andrade todas ellas, está el Val Xestoso de Monfero, auténtico corazón del mundo del grelo. Y no quiere decirse con esto que no haya grelos también, y además muy buenos, en otras partes de nuestro Viejo Reino de Occidente (claro que los hay; y por fortuna abundantemente), sino que lo que ocurre con el Val Xestoso es que su situación les da una especial calidad a los que crecen en su suelo. Así lo afirman, de hecho, todos los expertos en la materia, que son muchos y que por tanto, al coincidir en ello, deben de estar -si no desconfiamos de la estadística- muy en lo cierto.
Eran los señores de Andrade, ya se sabe, grandes cabalgadores en vida (cabe suponer también que buenos comedoriño s), además de muy dados a habitar hermosos sepulcros de piedra después de muertos. Y viene al caso citarlos aquí, con motivo de la celebración en el Val Xestoso de la Feira do Grelo, porque no sería raro que algo de su espíritu continúe galopando sobre los vientos en ese valle, con sonido de campana, donde a pesar de lo frío del aire es tan rica la tierra. Ayer se sirvieron allí, bajo una carpa gigantesca, más de un millar de raciones de cocido, que se dice pronto; al precio de diez euros. Hubo, además, música: la del grupo Virxe da Cela, la de la charanga de Vilalba y, sobre el palco, la de guitarras y trompetas. También, por supuesto, rosquilleras, puestos de embutidos y venta, cómo no, de grelos. Y una rara magia subida al aire. «No dirás que no está bien esto, ¿eh, neno ?», preguntaba Luis, el cura de la aldea





